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JAVIER CASTILLEJO:
"Mi meta es hacer una pelea importante e histórica en Estados Unidos"
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«Javier Castillejo, el Lince de Parla»
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El Lince de Parla repasó los momentos más importantes de su carrera para NOTICIAS DE TU CIUDAD
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Una entrevista de
ÓSCAR RESINO BELLO
[11-06-2003]
Francisco Javier Castillejo Rodríguez. Conocido en el mundo del boxeo como el «Lince de Parla». Hijo de emigrantes. Nació en Vallecas hace 35 años. Luce un palmarés de lujo repleto de títulos: campeón de España, de Europa y ocho veces campeón del mundo. Está casado y tiene dos hijos. No parece el típico boxeador. Sencillo, modesto y afable, responde a las preguntas con un hablar pausado. Sus rasgos y su mirada tienen mucho de felino. No va de figurón. Se dedica a entrenar un día tras otro con una estricta y calculada disciplina. Su sueño, triunfar en Estados Unidos.
-PREGUNTA: Nació usted en Vallecas, vivió en Alemania y hoy está usted echando raíces en Parla.
-RESPUESTA: Sí. Llevo ya veintitrés años. Aquí vinieron mis padres y aquí estoy de momento.
-¿A qué edad tuvo claro que quería boxear?
-Uno no se da cuenta hasta que no está más metido de lleno. Yo empecé prácticamente cuando fui a un gimnasio para hacer deporte y estar fuerte. Empiezas haciendo guantes con unos compañeros y te va picando el gusanillo. Al final acabas debutando como boxeador amateur y hasta ahora. Más o menos a los dieciséis o diecisiete años.
-Debutó en Madrid un 22 de julio de 1988 contra Ángel Díez Muñoz. ¿Qué impresiones conserva de aquella primera pelea?
-Las típicas de un boxeador que hace su primera pelea en el campo profesional. Muchos nervios. Era muy nuevo, pero tenía mucha ilusión, muchas ganas. Tengo buenos recuerdos de mis principios.
-¿De dónde viene el apodo de El Lince? (pregunta que le han hecho miles de veces)
-Creo que fue por unos amigos. Por la mirada, por la astucia al boxear.
-A usted nadie le ha regalado nada. Se lo ha ganado todo a pulso.
-Sí. Y a hostias. Mucho trabajo, mucho sacrificio, pero me gusta.
-Usted trabajó en varios oficios. ¿Qué recuerda de aquella época cuando se dedicaba a pintar pisos?
-Me gustaba. Es un oficio bonito que no te cansa, se pueden hacer muchas cosas. No es un trabajo aburrido. Me acuerdo que trabajaba, salía de trabajar, cogía la bolsa y me marchaba al gimnasio. Así todos los días hasta que dejé de trabajar para dedicarme al boxeo.
-Los comienzos siempre son muy duros. ¿Pensó alguna vez en tirar la toalla?
-No.
-Tiene usted un impresionante palmarés (cincuenta y seis victorias y cuatro derrotas). ¿Es usted un ganador?
-Soy un ganador nato.
-¿Con cuánta gente se ha peleado fuera del ring?
-Con poca. Siempre hay alguno que mete la pata. Cuando era un chaval.
-Dígame el golpe que más le ha dolido dentro del cuadrilátero.
-Cuando perdí el campeonato de Europa contra Bodouani.
-Despierta usted pasiones. ¿Cómo vive el momento de la salida del vestuario hacia el cuadrilátero cuando ve a tantos seguidores apoyándole?
-Es un momento muy especial para mí. Se transforma uno. Uno deja de ser boxeador y se convierte en artista hasta llegar al ring. Creo que el boxeo tiene arte y en cuanto salgo yo empieza el arte y eso es una cosa muy bonita. Ver a la gente como se entrega, como te animan en una plaza de quince mil personas es muy grande.
-Tiene usted todavía una espina clavada por el combate contra De la Hoya en Las Vegas. ¿Qué falló aquel 23 de junio?
-Muchas cosas. Fallaron los ánimos. Estuve mucho tiempo concentrado en Las Vegas. Nació mi hijo y me fui cuando tenía un mes y eso pudo conmigo. Me vine abajo y psicológicamente no estaba bien. No estaba como tenía que estar.
-En este mundo del cuadrilátero hay muchos aduladores. ¿Cuántos amigos de verdad tiene?
-Pocos. Gracias al boxeo, a la fama, te das cuenta de muchas cosas, de cómo es el ser humano de malo.
-¿Ha pensado alguna vez que una derrota suya podría acabar en un desenlace fatal para usted?
-No. Yo he perdido de sesenta combates cuatro y no ha pasado nada.
-¿A qué tiene miedo?
-A nada.
-¿Le ha dado la vida algún golpe bajo?
-Muchos.
-¿Cuándo fue la primera vez que le pidieron un autógrafo?
-Cuando debuté de profesional en la primera pelea. Fue bonito. Fue una pareja de señores mayores en el campo del Moscardó, en Usera. Cuando bajé, terminé y me duché se acercaron y me lo pidieron. Me sorprendieron porque al ser la primera pelea fue algo muy bonito. Lo tengo presente en mi cabeza y lo recuerdo mucho.
-En el combate contra el ruso Karmezin celebrado en el estadio de Las Américas en Parla el año pasado usted lució una camiseta que reivindicaba la construcción del famoso hospital en nuestro municipio. ¿Se siente usted un parleño más?
-Vivo aquí y aquí tengo a mi gente, mi familia, mis amigos. Creo que era como una obligación apoyar a Parla en ese sentido y siempre que pueda, si sigo viviendo aquí, seguiré apoyando todo para el bien del pueblo.
-Hábleme de su participación como costalero en uno de los pasos de Semana Santa. ¿Es usted católico practicante?
-No. Lo hago porque me gusta, porque lo necesito y porque lo siento.
-Su carrera ascendente está ligada a su entrenador y manager Ricardo Sánchez Atocha. ¿Cómo y cuándo le descubrió?
-Él tuvo ocasión de verme de amateur y se fijó en mí. No quería tener muchos boxeadores porque ya estaba trabajando con Poli Díaz y no quería meterse en más líos. Al final, llegamos a un acuerdo y parece ser que le gusté y me fichó.
-¿Qué se siente cuando a alguien le llaman campeón del mundo?
-Me lo han dicho tantas veces que ya estoy acostumbrado. Siento mucho respeto hacia la persona que me lo dice. Es como los maestros en el toreo.
-¿Qué es más importante en un buen boxeador: saber atacar o saber defenderse?
-Tener cabeza.
-¿Está usted en el mejor momento de su carrera?
-Sí, en uno de los mejores. Estoy en un momento muy bueno.
-¿A qué edad o en qué circunstancias piensa usted retirarse del ring?
-Lo llevo pensando hace mucho tiempo. No lo sé. La verdad es que después de la última [noqueó al colombiano Diego Castillo en 99 segundos] me sentí muy joven y muy fuerte. Siempre digo lo mismo. Seguiré hasta que tenga ilusión. Cuando se pierde la ilusión se pierde todo. Entonces es mejor retirarse. El tiempo lo dirá. No sé cuando.
-Usted hizo el servicio militar en Torrejón de Ardoz. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Hice más guardias que un tonto. Fue una experiencia bonita. Estuve muy puteado. La mili no sirve para nada. No te enseñan nada. Me enseñaron a hacer guardias y guardias. Acabé con noventa y cuatro guardias. Te haces más vago, más perro y, sobre todo, más golfo.
-¿Cuál ha sido su combate más emocionante?
-Ha habido tantos... Quizás mi segundo campeonato del mundo contra Mullings aquí en La Cubierta. Quedé campeón del mundo y fue algo muy especial. Todo el mundo se enteró. La Cubierta es algo especial y el combate también lo fue. Salió redondo. Muy bonito, muy duro, fueron doce asaltos muy duros, pero estoy satisfecho de ese combate. Para mí es el mejor.
-¿Cómo es una jornada normal en la vida de Javier Castillejo?
-Es una vida muy aburrida. Me levanto por la mañana, voy a entrenar, vuelvo, descanso un poco para luego marcharme otra vez. Así todos los días.
-Dígame su boxeador favorito.
-Mi boxeador favorito es Javier Castillejo.
-¿Cuál es su mano buena?
-Mi izquierda.
-¿En un púgil de su nivel pesa más la preparación física o la mental?
-Va unido. La mente es muy importante. Si tu mente te falla, te falla el cuerpo. Si la mente está bien, tu cuerpo puede lograr muchas cosas, puede hacer un trabajo específico y al cien por cien siempre que tengas la cabeza en condiciones.
-Defina su estilo como boxeador.
-Creo que soy un boxeador completo. No soy lento. Soy rápido. Tengo buena velocidad. Con la técnica sé moverme en distintas distancias, tanto en la larga como en la corta y la media. Doy la cara cuando la tengo que dar. Tengo mucho corazón. Soy un boxeador con muchos cojones y mucho corazón. Y gracias a Dios soy un boxeador que las toma, algo que en el boxeo es lo principal. Puedes boxear muy bien y hacerlo muy bonito, pero si no las tomas, si Dios no te ha dado eso...
-Sabe usted que en este deporte son muchos los llamados y pocos los elegidos. ¿Cuál es su meta?
-Mi meta es hacer una pelea importante e histórica e importante en Estados Unidos para volver a casa satisfecho y dejar ahí mi trabajo escrito.
-De no haber sido boxeador, qué le hubiera gustado ser?
-Si hubiera nacido otra vez, hubiera sido boxeador otra vez. El boxeo me lo ha dado todo.
-Si un hijo o hija suya le dijera que de mayor quiere boxear, ¿qué le diría?
-Que se lo pensara bien, que no es juego, que es un deporte muy duro, que te tienes que sacrificar al cien por cien. Tienes que dedicar casi la vida para el boxeo. No puedes estar con medias tintas, tienes que estar siempre muy bien preparado porque es duro. Es un sacrificio. La verdad es que me jodería mucho si mis hijos salieran boxeadores, pero yo estaría ahí para ayudarles.
-¿Qué peso tiene el dinero en su deporte?
-Tiene mucho peso cuando uno llega ya a unas alturas donde se maneja mucho dinero. Al principio no es nada. Ni siquiera lo piensas ni te preocupas. Simplemente quieres boxear, ganar, llegar, conseguir títulos y luego cuando eres campeón el dinero te rodea. Tienes que pensar un poco en el dinero y planificar tu futuro.
-Dígame qué cualidades debe tener el boxeador ideal. ¿Quizá más inteligencia que otra cosa?
-Una de las cosas más importantes es la inteligencia. Pero lo primero es que las tome bien, que sea encajador. Luego la técnica se puede trabajar en el gimnasio. Sobre todo inteligencia y mucho corazón.
-¿Usted se considera un buen encajador?
-Sí. Soy bastante encajador. He encajado golpes muy duros, muy fuertes y he sabido remontar el combate. Soy un boxeador de mucho corazón.
-Se dice que el boxeo es uno de los deportes más nobles que existen. ¿Está usted de acuerdo?
-Sí. Es el único deporte donde no hay odio aunque parezca mentira y donde no quieres que pase nada al contrario. Toca la campana y se queda uno quieto después de doce asaltos dados de hostias, como digo yo. Te abrazas y te das un beso. Es muy noble. El boxeo es como la vida misma. Viene de cuando el hombre es hombre y se tenía que buscar la vida. Es una guerra con unas reglas, unos jueces, unos médicos y hay una zona del cuerpo donde tú puedes conectar y otra donde no se puede y eso hay que respetarlo. Eso es el boxeo. No lo que piensan algunos.
-¿Daría usted una alegría a su familia si les dijera que se retira y que deja los guantes?
-Sí. Mucha.
-¿Qué pasó con Poli Díaz?
-Lo que le pasó a Poli le ha pasado a tanta gente que no tiene nada que ver con el
boxeo. Le ha pasado a muchos deportistas, a gente de la cultura, a políticos. No lo sé. Creo que las amistades influyen mucho y la cabeza. Poli era un chico que no tenía mucha cabeza y se dejó llevar. Era fuerte físicamente pero mentalmente no ha sido fuerte para superar ese mal.
-¿Por qué cree que el boxeo no acaba de tener la aceptación social que otros deportes?
-Por la televisión, que es la que influye. La televisión hace que suba o baje todo el mundo. Si no hay apoyo no se puede hacer nada, no se puede organizar un campeonato porque vale mucho dinero. No sé por qué. Cuando aquí en España mandaba Franco lo que había era el Real Madrid, los toros y el boxeo. Yo recuerdo, hablando con boxeadores de antes, Las Ventas con más de veinte mil personas, y se dice pronto, a reventar y sin entradas. O sea que España es un país al que le gusta el boxeo. No sé por qué ahora están algunos en contra.
-¿Está decidida su pelea contra Fernando Vargas en Las Vegas? ¿Cómo afronta su segunda aventura en Estados Unidos?
-La fecha de momento no. Se habla de septiembre. Él pelea en julio y hay que esperar que pase. La pelea es una segunda oportunidad que me da la vida en el boxeo y voy a aprovecharla a tope. Tengo una experiencia y no me va a pasar lo que me pasó. Vargas es otra estrella, pero no tiene nada que ver con De la Hoya. Creo que es mucho más asequible para mí que Óscar.
-¿Cuántas veces ha soñado con vengarse del americano Óscar de la Hoya?
-Muchas veces.
-¿Se considera usted una estrella?
-No. Soy muy humilde. Soy uno más.
-¿Dejaría el boxeo por amor?
-No.
-¿A qué sabe el triunfo?
-El triunfo no tiene olor ni sabor. Es algo que se nota en el corazón y no tiene ni palabras. No se puede explicar lo que siente uno cuando eres campeón. Te sientes el más grande. Tu corazón se vuelve más grande. No sé. Algo muy especial. Muy bonito.
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