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Una tarde triunfal
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«El matador Enrique Ponce, en plena faena.»
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Seis orejas para Ponce, tres para Manzanares ‘hijo’ y una para Rincón, que sufrió un pisotón durante la faena de su primer toro, en la corrida de mayor nivel de la historia de Parla
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RINCÓN / PONCE / MANZANARES ‘HIJO’.
Toros de Alcurrucén, flojos, nobles, bonachones, –tercero, chico–, con movilidad. César Rincón: pinchazo y media en lo alto (oreja). Enrique Ponce: estocada (dos orejas); estocada (dos orejas); pinchazo y media (dos orejas). José María Manzanares: Estocada (oreja) y estocada tendida (dos orejas). Plaza de toros de Parla. Última de feria. Lleno.
Crónica de
ÓSCAR RESINO BELLO
Una corrida redonda, un festejo auténtico con las llamadas figuras del toreo, una tarde grande que los aficionados a la ´fiesta nacional´ recordarán durante muchos años. Eso es lo que vio el público parleño el pasado día 16 de septiembre en la tercera y última corrida de la feria en honor de Nuestra Señora de La Soledad.
La tarde prometía y el cartel no defraudó. Dos maestros, Enrique Ponce y César Rincón, junto a una joven promesa en ciernes, Manzanares junior, hicieron las delicias de los asistentes a pesar de que el diestro colombiano sólo pudo torear a su primero, que le propinó un pisotón mientras desarrollaba una faena con clase, medida, fiel a su línea de catedrático de la lidia, por lo que tuvo que ser trasladado a un centro sanitario con fractura en su pié derecho. El ganado, no muy grande, pero bastante aprovechable, ayudó bastante a los espadas, que se inflaron a pegar pases y a hacer posturitas frente a los bonancibles astados de Alcurrucén.
Enrique Ponce se hartó de torear cumpliendo su tradicional esquema de faena desde su papel de mandón, de gran entendedor de cada res y de eficaz ejecutor de cada suerte. El diestro de Chiva, el matador más regular de los últimos veinte años –con permiso de Espartaco– se encontró con un lote de tres bombones a los que sacó el máximo partido. Tres faenas macizas, aunque demasiado largas, que terminaron con dos estoconazos y una media, aderezadas con pases de todos los colores: derechazos, naturales, cambios de mano, abaniqueos, el de las flores, manoletinas, de pecho, etc., de esos que llegan fácil a la grada. Aunque perdió alguna vez la muleta, demostró su colocación, saber cruzarse al pitón contrario y su conocimiento total de los terrenos. Lo de casi siempre.
Manzanares, por su parte, se gustó en sus dos toros y les exprimió al máximo con una técnica en la que están presentes sus genes. El joven Dolls estuvo en todo momento a la altura de los dos monstruos del planeta taurino con los que se presentó en Parla y acertó a la primera con el estoque ante sus dos enemigos, lo que le permitió salir por la puerta grande junto a su padrino de alternativa. El alicantino, que se encuentra en pleno crecimiento como matador, demostró que tiene condiciones para triunfar en un mundo difícil en el que los apellidos pueden acompañar al principio de una carrera, pero que pesan como una losa en caso de dar gato por liebre como se ha visto en no pocos casos. Sus dos dignas faenas fueron de menos a más y conectaron rápidamente con el tendido.
Si hay algo con lo que se quedan los buenos aficionados parleños, y los muchos que vinieron desde otras localidades, es que la ‘fiesta’ en nuestro municipio viene experimentando una mejoría bastante notable: el coso es nuevo y digno, los carteles y las ganaderías son atractivos, la organización cumple, hay oferta variada y la afición va en aumento. La gente no vio reencarnados en los espadas que pisaron el albero parleño a Chicuelo, Joselito ´el Gallo´ o Manolete, pero apreciaron las cosas bien hechas y con intensidad. Además de que era imposible, no hacía falta. Bastó con disfrutar de unos inspirados Ponce, Rincón y Manzanares. En definitiva, espectáculo, trofeos y buen sabor de boca. Lo que pide el taurino medio.
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LOS DETALLES
La corrida que cerraba la feria de Parla estuvo plagada de particularidades, colorido y matices. Los tres matadores hicieron el paseíllo desmonterados por ser la primera vez que se presentaban en esta plaza, que este año estrenaba cubierta en el tendido de sombra. Tras pisar el ruedo y acercarse a las tablas, Rincón saludó a varios compatriotas suyos que portaron banderas de su Colombia natal. Alguien, desde la grada, se preguntaba en voz alta si, tal y como fue anunciado por megafonía, el diestro esperaría la habitual cola de urgencias del hospital de Getafe durante varias horas como todo vecino para ser atendido.
En el callejón se vivía con intensidad el desarrollo del festejo. El maestro José María Manzanares (padre) sufría en silencio el desarrollo de la lidia de los toros de su hijo junto a Victoriano Valencia, apoderado y yerno del valenciano Ponce. Enrique brindó su tercer toro a Javier Castillejo, el ´Lince de Parla´, doble campeón mundial de boxeo, habitual de los festejos taurinos en el municipio. Los hombres de la cuadrilla del de Chiva, Mariano de la Viña, Antonio y José María Tejero, hermanos de Fernando (el portero de de la serie televisiva Aquí no hay quien viva) no estuvieron finos con las banderillas, pero demostraron su gran conocimiento del oficio estando en su sitio y bregando con facilidad.
Famosos como el cantante canario Caco Senante vibraron desde las tablas con el desarrollo de la lidia. En el palco, varios concejales y autoridades locales, como Francisco Llerena, veterano edil socialista que en los últimos años preside los festejos taurinos de la localidad bajo la atenta mirada del alcalde parleño, Tomás Gómez, que hasta saca pañuelo para pedir trofeos al final de cada faena.
En el tercer toro, numerosos aficionados tiraron de bocadillo, de cazuela y de bota de vino, muchos de ellos habituales a la plaza parleña desde que los festejos se celebraban hace varias décacadas en la plaza de carros del Ayuntamiento o en la antigua portátil, y algunos fueron hasta con sus nietos.
Y por último, la banda de música Harmonía, veterana y siempre presente en estos espectáculos, interpretó con gracia y torería pasodobles ya convertidos en clásicos: En er mundo, Nerva, Paquito el Chocolatero, Chiclanera... Algunos solos de trompeta y de saxo levantaron la ovación del público en plena faena, distrayendo al mismísimo Ponce. Ole, ole y ole. ¿O se pronuncia olé?
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