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LUIS GARCÍA MONTERO: "Cuidar el lenguaje sirve para enriquecer el mundo"
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El poeta granadino participó en un homenaje a la Generación del 27 en Parla
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Una entrevista de
ÓSCAR RESINO BELLO
La oportunidad de intercambiar impresiones con alguien de la talla de Luis García Montero se presenta pocas veces en la vida. Poeta, ensayista, columnista de opinión, catedrático de Historia de la Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad donde nació, es uno de los máximos exponentes de la denominada ‘poesía de la experiencia’, una tendencia que explora los aspectos más cotidianos de la realidad diaria. El pasado mes de octubre participó en un recital poético celebrado en nuestra localidad para homenajear a escritores como Lorca, Salinas, Alberti, Aleixandre, Cernuda, Hernández o Guillén en un acto organizado por el Consistorio y la Residencia de Estudiantes. A caballo entre los madriles y su Andalucía natal —también estuvo presente en Córdoba en la entrega de la medalla de las bellas artes a Joaquín Sabina— conseguimos vernos en uno de los lugares más emblemáticos de la capital, en la glorieta de Bilbao, un local en cuya entrada consta la frase: “Aquí está desde 1887 el Café Comercial, histórico lugar de encuentro y tertulia de la vida de Madrid”. La mañana de un sábado de octubre es ideal para charlar con uno de los valores más importantes del panorama literario nacional. Premios como el Federico García Lorca, Ciudad de Sevilla, Adonáis, Nacional de Poesía y Nacional de la Crítica demuestran que es ya un grande de las letras. Habitaciones separadas, Completamente viernes o La intimidad de la serpiente representan algunos ejemplos de su firme talento para la escritura. Aparte de un gran creador, García Montero (Luis para los amigos) es simplemente un excelente lírico de nuestro tiempo. Y un fascinante conversador.
PREGUNTA: -¿Cómo surge la idea de homenajear a la denominada Generación del 27 en Parla?
-RESPUESTA: Ese grupo de artistas es uno de los hitos fundamentales de la cultura española. Para los poetas es un referente fundamental. Durante todos estos años ha habido una recuperación de la memoria histórica literaria. Se les ha hecho homenajes a los poetas que iban cumpliendo su centenario, a Lorca, Cernuda, Altolaguirre, Alberti. El año que viene además se cumplen los ochenta años del homenaje a Góngora que organizaron los poetas jóvenes españoles de entonces en Sevilla y que sirvió para darle el nombre a la Generación del 27. Dentro de las actividades que suele organizar la Residencia de Estudiantes con el Ayuntamiento de Parla, Luis Muñoz nos convocó a algunos poetas para celebrar este homenaje, que se hace con gusto porque la verdad es que aunque de distinta edad, poetas clásicos ya como Ángel González o jóvenes como Luis Muñoz, todos hemos tenido relación con algunos maestros de la Generación del 27 y una deuda literaria y personal con ellos.
-¿Está de acuerdo en que ese grupo artístico fue la edad de plata de la literatura española?
-Creo que sí. Es un término que a mí me gusta porque llama la atención sobre un momento muy importante, primero por la calidad de los autores, después por el afán de renovación y de modernidad que se apoderó de la sociedad española en general y de las letras españolas en concreto. A lo largo del siglo XIX y en el primer tercio del XX, una y otra vez la sociedad española confiaba en su juventud, en la necesaria renovación, en la reivindicación del país y de la cultura, en su acercamiento a Europa o en el regeneracionismo. En esos años, la modernidad se fue consolidando y pareció que iba a ser posible un país absolutamente nuevo y transformado. Supuso un momento muy importante donde España, cultural y económicamente, empezó a compararse ya con el resto de Europa.
-La figura de García Lorca tuvo un peso específico entre la Generación del 27. ¿Por qué cree que fue el máximo representante, por su muerte, por todo lo que le rodeó, por su talento?
-Lorca, sin duda, fue un poeta de mucho talento y una figura muy vital. Tanto en la poesía como en el teatro tuvo éxito en vida y vino a resumir muy bien cuál era el diálogo con la tradición que desde la vanguardia estaban haciendo los escritores jóvenes. A eso se añadió después que su muerte simbolizó un poco la tragedia colectiva de la Guerra Civil española. De ahí que se haya convertido no sólo en un gran autor sino en un mito y en una de las claves de su generación.
-Usted redactó una tesis sobre Rafael Alberti. ¿Por qué eligió a este personaje?
-Alberti es otro de los grandes. A mí me interesó su época de vanguardia porque me atraía que el poeta militante, político, fuese al mismo tiempo un enamorado de la poesía, de la belleza y de la indagación en las formas no sólo en los contenidos. Rafael acababa de volver del exilio a España. Su figura estaba entonces recuperándose para la cultura democrática y yo tuve la suerte no sólo de poder hacer la tesis doctoral sobre él sino de recibir su generosidad y me trató como un amigo.
-¿Por qué este grupo de artistas eligió a Góngora como referente?
-Cualquier escritor como cualquier persona mira al pasado con sus propios ojos. Todos hacemos una lectura del pasado y proyectamos hacia el pasado nuestra manera de ser y de vivir. Góngora, para los autores del 27, representó la poesía pura. Era descubrir en el siglo XVII, un personaje que podía identificarse con Mallarmé con las teorías de Ortega y Gasset de la deshumanización del arte. Y en realidad lo que estaban haciendo era levantar, a través de él, la bandera de la estética generacional.
-¿Para usted quién son los auténticos representantes del 27? Algunos autores no coinciden.
-Es un momento muy brillante y abierto donde no se pueden establecer fronteras y decir que son diez, nueve, ocho o siete. Quien hizo una nómina primera con mucho éxito y acierto fue Gerardo Diego en su Antología de la poesía española contemporánea. Ahí, más o menos, se publicó y recogió a los que después han sido los integrantes del 27, pero se pueden añadir o quitar nombres. La poesía de Salinas, García Lorca, Cernuda y Alberti, está muy viva y a ellos de les puede añadir otros muchos nombres como Altolaguirre, Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, que son poetas importantes también.
-¿Qué representó aquella Residencia de Estudiantes para la cultura española de la época?
-Mucho. Vino a resumir lo que había sido el esfuerzo de la Institución Libre de Enseñanza y del krausismo. Es una tradición en la que se educa Antonio Machado o en la que acaban los jóvenes como Federico García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí. Una tradición que va desde Galdós hasta los jóvenes. Se puede ver la importancia que tuvo. Fue un centro donde, a la seriedad y al estudio, se le unía la vanguardia juvenil y a parte de un centro de estudio fue un núcleo de verdadera agitación cultural en la España de la época.
-¿Para qué sirve la poesía en estos tiempos?
-Depende mucho de la idea que tengamos de utilidad. Conocer el lenguaje y meditar en serio sobre nuestra propia intimidad es útil y la poesía sirve para eso. Cuando uno mira al cielo y ve un pájaro volando y lo único que puede decir es que es un pájaro, el mundo se reduce y se empobrece mucho porque el mundo está lleno de matices y no es lo mismo ver un águila o una paloma o un gorrión. Cuidar el lenguaje sirve para enriquecer el mundo.
-Usted ha escrito, que la literatura no es útil.
-Es una provocación, un libro que publicamos Antonio Muñoz y yo, En Por qué no es útil la literatura veníamos a decir que no lo es porque es falso el contexto de utilidad que domina. Si uno considera que lo útil para el ser humano es lo más directo o pragmático (nacer, comer, reproducirse o morir), la poesía no es nada útil. Se dice que es un género inútil. No sirve para ganar dinero ni para estafar a los demás. Para eso es mejor meterse a banquero, por ejemplo. Sin embargo, los que creemos que meditar sobre nosotros mismos con intensidad nos hace más libres consideramos también que la poesía es útil.
-Prosa, ensayo, poesía. ¿En qué terreno se mueve usted mejor?
-En el verso. Yo empecé a escribir poesía porque mi padre tenía la costumbre de leer en alto sus poemas preferidos. Tenía en casa un ejemplar de Mis mejores poesías de la Lengua Castellana y nos leía una canción de Espronceda, La Canción del Pirata, un romance del Duque de Rivas, otro histórico, y esas fueron mis novelas de aventuras. Cuando me dediqué como lector a la literatura pasando a ser escritor, el género que tenía autoridad en mí, era la poesía. Siempre explico que cuando hago una oposición universitaria, una cátedra, un ensayo o una tesis doctoral, al día siguiente, si no trabajo, tengo esa sensación de vacío y de inquietud y de mala conciencia y sin embargo cuando me sale un poema que medio está bien, tengo la sensación de tomarme el derecho a estar un mes de vacaciones.
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