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José Deluna: "Madrid es muy flamenco"
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Con 32 años, el guitarrista parleño, que actualmente acompaña a la tonadillera Isabel Pantoja en sus galas, ha grabado ya dos discos compuestos por él mismo. A los ocho años de edad cogió una guitarra entre las manos y, desde entonces, no la ha soltado. Con ella, ha recorrido el mundo de un lado a otro. Y no piensa parar.
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Una entrevista de
ÓSCAR RESINO BELLO
Acordes, escalas, notas y notas que saltan al viento desde el mástil y la caja de una guitarra de madera. Cientos, miles de melodías que rasgan el aire, expresando lo más profundo del sentimiento de un hombre. El guitarrista parleño José Deluna no para quieto. Acaba de sacar su segundo disco al mercado, Tres Herencias, imparte clases de su instrumento y, además, acompaña a Isabel Pantoja por los escenarios de nuestra España.
-PREGUNTA: ¿La guitarra es una prolongación de su mente, de su cuerpo o de su alma?
-RESPUESTA: De las tres porque realmente forman el ser humano, van unidas y son necesarias.
-¿Se puede vivir de seis cuerdas si no se es un grandísimo músico?
-Sí, pero tienes que tener una capacidad de organizarte bastante buena y asumir el grado de anarquía que siempre hay en este tipo de profesiones. Debes ser autodisciplinado, tener una seriedad y, sobre todo, te tiene que pillar un poquito maduro porque, como te coja un tanto despistado, la noche te atrapa.
-¿Cómo surgió su amor o su querencia por la guitarra?
-Hay personas que tenemos una inquietud y que somos compulsivos por naturaleza. Te puede dar por escribir, por pintar o por tirar piedras, pero lo haces siempre todo con mucha intensidad. A mí me dio por la guitarra porque desde niño siempre estaba escuchando música con mi abuelo y se ponía delante de mí a golpear la mesa con los nudillos mientras escuchaba sus discos. Por eso, desde pequeño, me atrajo mucho la música.
-¿De qué influencias musicales ha bebido?
-Todas las músicas están relacionadas, lo único que cambia de unas a otras es la estética, pero la información es la misma. Son las mismas escalas y los mismos recursos. Mis influencias vienen desde el jazz que escuchaba, Scott Henderson, Norman Brown, y muchos guitarristas y saxofonistas. Y en el flamenco, los pilares que tenemos aquí hoy en día, como el maestro Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar y otros guitarristas más modernos como Vicente Amigo o, entre otros, Tomatito. Estos son los clásicos, pero hay más. Ahora viene una generación pisando muy fuerte que es muy buena, pero todavía no son nombres conocidos.
-En el escenario, ¿uno se encuentra solo ante el peligro?
-Yo sí y empiezo a superarlo ya, pero me ha llevado mucho tiempo porque quizás una de las facetas de la mayoría de los músicos es que nos refugiamos en nuestro instrumento debido al grado de timidez brutal que tenemos desde pequeñitos. Es nuestra manera de escondernos y de ganar autoestima con él. Luego esas deficiencias se superan y subes al escenario a echar lo que tienes que echar, pero siempre con un temor al juicio o a la crítica de la gente.
-¿Qué es más difícil: interpretar o crear?
-Cuando creas tienes que interpretar. No deja de ser un reflejo de tu propio material. Ambas son muy difíciles pero si hablamos de la expresión total del ser humano, no hay nada mejor que crear algo y tocarlo. Si sólo interpretas te pierdes una gran parte, es como un cincuenta por ciento.
-¿Es usted flamenco de nacimiento, de convicción o de adopción?
-Madrid es muy flamenco. Se ha consolidado ya como una ciudad de las más flamencas a la que incluso viene gente del sur y no pueden creerse el ambiente que tiene. Muchos andaluces no pueden ni explicárselo. En los núcleos urbanos es donde se sale para adelante y es donde llegan los buenos artistas. Hay barrios muy buenos como la zona de Lavapiés donde hay mucho de todo.
-¿Qué significa para usted la escuela flamenca Amor de Dios?
-Ha sido, es y espero que siga siendo un referente. Representa la esencia de lo que es el flamenco en Madrid. Quizá lo que deberíamos es intentar que esta gente, que son nuestros mayores, nos vayan abriendo paso a las nuevas generaciones para apoyarnos.
-Ha tocado y ha dado clases en Nueva York, Londres, Liverpool. No parecen lugares muy flamencos.
-Aparte del flamenco, allí he dado clases de guitarra eléctrica, de jazz y seminarios. No son flamencos pero tienen esa inquietud. El mundo se mueve. Estamos es una época en la que todo es muy étnico, todo se mezcla y eso es una maravilla. Aunque cojan solamente un recurso pequeñito y lo mezclen con sus ideas, es genial.
-¿Hay que salir de España para ser reconocido como un gran músico?
-Hoy en día no creo que sea necesario. Eso pasaba más hace algunos años aunque se dice que sí hay que hacerlo, pero yo pienso que lo único que hay que hacer es creer un poco en nuestra identidad. A pesar de alguna precaria época que hemos vivido siempre se ha tendido a admirar lo externo y a juzgar que lo que teníamos dentro no era lo suficientemente bueno. Eso está cambiando y lo único que habría que hacer es que los medios de comunicación y todo el mundo crea más en nuestros artistas y apoyarles a más no poder.
-En Japón adoran la guitarra española y el flamenco. Usted es un guitarrista con página web. ¿El mundo no va muy deprisa?
-Bastante deprisa y, a veces, nos hace perder el criterio sobre las cosas porque no se asimilan los nuevos cambios con tiempo suficiente.
Ahora los músicos han variado la forma de autogestionarse. Te tienes que autoproducir tus trabajos y tu propia publicidad. Hay demasiado de todo, con lo cual los mordiscos económicos para las compañías de discos no resultan tan interesantes.
-Se dice que el flamenco llega a confundirse con el jazz.
-Sí en cuanto a que toda música improvisada utiliza los mismos recursos, son fragmentos musicales que los puedes colocar aleatoriamente y con eso te comunicas con el oyente. Pero básicamente eso es lo único. Lo que cambia es la estética, la manera de utilizarlos. Todas las músicas improvisadas tienen algo en común, por eso se asemeja el jazz al flamenco y al blues aunque éste está ligado al jazz.
-¿Para ser un buen guitarrista de rock, hay que ser un buen intérprete de clásico?
-No. Las diferentes músicas no dejan de ser expresiones del ser humano. En unas se utiliza una distorsión, en otras se produce un sonido más dulce o menos agresivo, pero no tiene nada que ver.
-Claroscuro fue su primer trabajo en solitario. ¿Cómo surgió?
-Fue un primer trabajo que hice en el que se notó el tránsito de venir del estudio y de otras músicas en el que traté de incorporar al flamenco los nuevos elementos de fraseo que también traía de haber estudiado cosas de jazz. Se hizo con todo el esfuerzo del mundo y dio un fruto que sirvió para seguir construyendo luego el segundo disco.
-Su segunda obra, Tres Herencias, le consolida como creador.
-Es un album bastante más trabajado donde se notan ya unos cambios considerables. Armó-nicamente no arriesgo, no salgo de las pautas más generales, pero trato de perseguir un sonido más moderno y rítmico. Se nota que hay un manejo del vocabulario, y sobre todo, de la producción. No es tanto tocar el instrumento como colocar las cosas en su sitio y que todo esté claro y suelto.
-Una de tópicos: toros, Andalucía, folklore. ¿Un guitarrista flamenco puede prescindir de todo esto?
-Es una buena pregunta difícil de responder. Viene de lo que viene y se puede separar porque hoy en día todo se mueve mucho y lo que antes era un bloque entero que tenía que ir todo en el mismo paquete, ahora se puede romper en muchas partes y se puede ser flamenco. Lógicamente todos esos elementos ayudan a serlo y te aceleran un poco el proceso porque al ser una música cultural, de raíces, es una cosa que viene junta. Si no se tiene eso, no es que no se pueda tocar este arte, pero posiblemente no vas a llegar a lo más profundo. Un torero tiene esa pose que tanto imitan los bailaores y eso está ahí como la sensación del arranque, la manera de tocar una escala un músico de jazz, un clásico o un flamenco difieren en eso, en ese segundo al que se llama pellizco. Hay un paso de una dinámica muy tranquilita a una cosa muy fuerte en una décima de segundo que hace que el público se levante de la silla. Eso se ha trabajado mucho en el flamenco e igual ocurre en el mundo de los toros y determina el carisma de la música española.
-Actualmente es usted el guitarrista de Isabel Pantoja. ¿Se ha visto desbordado por el fenómeno del famoseo y de los últimos acontecimientos marbellíes?
-Es curioso, porque todo esto me ha pillado en una época en la que ha explotado mediáticamente. Para mí ha sido un poco chocante. Yo estoy acostumbrado a tocar pero no para este volumen de masas cuando sales a un escenario frente a quince mil, cincuenta mil, cien mil personas. Los camerinos se llenan de famosos, estás con ellos todo el día… Me ha colapsado un poco, pero no me ha afectado en nada para tocar, aunque no me lo esperaba. Yo imaginaba que iba a trabajar junto a una buena artista, hacer buenas galas en buenos teatros, pero no pensaba que las cámaras te iban a perseguir y que tendríamos que escondernos. Desde luego, no estaba habituado a este fenómeno.
-¿A qué le suena Parla musicalmente hablando?
-Yo vengo de Getafe, donde hay mucha materia prima, pero Parla se lleva la palma. Aquí hay muchísima juventud con inquietudes, que quiere hacer cosas y se le tiene que ofrecer algo. Cuando llegué, me sorprendió la gran afición a la guitarra existente, vi chavales metidos en los locales de ensayo continuamente. Existe un movimiento y una cantera muy buena a la que hay que facilitar la cadena adecuada desde abajo hasta arriba poniendo elementos graduales y los medios para que la gente avance, grabe una maqueta, hable con el concejal correspondiente, gestionar ese trabajo y no dejarles abandonados en un local con una bombilla y pasando frío. Parla es una joya en cuanto a material humano.
-¿Cómo se ve Parla desde el otro lado del mundo y con una guitarra entre las manos?
-Mi sensación cuando estoy fuera es sentirme orgulloso de ser de Parla, de Madrid y de España. Asumo y me siento de donde yo nazco y crezco y trato de luchar por mejorarlo. Es lo que tendríamos que hacer para que todo funcionase mejor. Los complejos hay que dejarlos a un lado. Parla es tan bueno en calidad humana como el pueblo que está pegado a Connecticut (Estdos Unidos). Lo que hay que hacer es creer en ello y trabajar.
-El verano lo tiene muy apretado.
-En julio tengo bastantes galas con Isabel Pantoja y en agosto acompañaré al grupo Alazán. Ahora estoy impartiendo un seminario de guitarra y estoy preparando algunos trabajos con el productor parleño Manuel Praena, el gran promotor de la cultura en nuestra localidad. Después me gustaría descansar un poco para afrontar septiembre con nuevas ideas.
-¿Cuáles son sus tres guitarristas favoritos?
-Dentro del flamenco, los clásicos. Y de los modernos, me gusta Vicente Amigo, Juan Carlos (de Cádiz) y gente de la nueva generación que todavía no son conocidos, que son de La Unión (Murcia) y a mí me parecen brutales. Pero están allí y nadie les saca para adelante.
-¿De qué actuación o de qué lugar guarda mejor recuerdo?
-No es lo mismo tocar mi música que cosas de los demás y que dé la cara otro. Recuerdo la presentación de mi primer disco aquí en Parla y para mí fue importante porque supuso mi primera actuación en solitario. Sentarte tú sólo a dar un recital de una hora y media acarrea mucha responsabilidad y es muy duro. A nivel de masas, recuerdo la actuación con Isabel Pantoja ante más de cien mil personas en las fiestas de San Isidro de Madrid.
-¿Quién supera a quién en mito, Camarón o Paco de Lucía?
-Todavía está por saberse porque los mitos los crea la sociedad cuando una persona ya no está en vida. Posiblemente, Paco trascienda tanto como Camarón, aunque está feo hablar de esto.
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