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Cómplices: la música como terapia
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El grupo gallego repasó en Parla sus canciones más conocidas junto a temas de su último álbum, Hello mundo cruel, en una actuación celebrada en el teatro Jaime Salom
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Una entrevista de
ÓSCAR RESINO BELLO
Teo y María, María y Teo. Conocidos musicalmente como Cómplices, el grupo gallego no ha perdido la fuerza que, en los años ochenta y noventa, les llevó a lo más alto del panorama español de la música pop. Se suele decir que quien tuvo, retuvo. Con ellos, el tópico funciona. Muchos años después, a los teclados, a la guitarra y a la voz, Teo Cardalda imprime su característico sello de músico total, de un Elton John a la española con pelo rizado que lanza tanto mensajes caústicos contra el sistema como composiciones románticas y melódicas que no pasan de moda. María Monsonis, sigue siendo su media naranja, incombustible al micrófono, derrochando garganta y haciendo coros, vive su segunda juventud. Cómplices hace las Españas, ahora en pequeños teatros, conectando con un público fiel y entregado que corea himnos legendarios con los que bailaron y se enamoraron. De Galicia a Madrid, de cualquier parte al teatro Jaime Salom. Aquellos Cómplices de ayer siguen vivos hoy, disfrutando y haciendo disfrutar. Sin condiciones.
-PREGUNTA: ¿Buenos o malos tiempos para la lírica?
-RESPUESTA (TEO): Pésimos. Todo el mundo se queja, los que están en primera fila, los de segunda, los que no aparecen por ningún lado. Son tiempos malos para todo lo que tenga que ver con salirse del tiesto. Son malos socialmente, mediáticamente y para la lírica, son ya surrealistas. La generalidad ahora mismo es mala. Obviamente hay gente haciendo cosas buenísimas y muchas opciones de calidad, la música se consume más que nunca también, pero la estética de hoy en día, el ámbito social o el amor a la cultura, es malísima. En eso creo que estamos de acuerdo todos, Amaral, Loquillo y Zapatero.
-(MARÍA): Pero no importa, porque nosotros somos músicos y aquí estamos aunque estén los tiempos como estén. Hacemos lo que siempre hemos querido y ahí seguimos, mientras haya público que nos vea.
-Su carrera es una labor de hormiguitas, trabajando poco a poco desde hace 20 años. ¿Qué recuerdan de sus comienzos en 1987? ¿Cómo era la España de entonces?
-(M): Personalmente recuerdo mucha ilusión, muchas ganas de hacer cosas. Había televisiones que hacer y dónde mostrarse. Ahora también hay muchísima música en directo que tocar, muchos locales. En eso sí que me recuerda un poco. Pero había más respeto a la música y a la cultura en general.
-¿Se consideran más de los ochenta o de los noventa?
-(T): Más de los noventa. Somos herederos de los ochenta, por mi parte totalmente, porque yo empecé antes que María en el tema de los grupos aunque ya estaba haciendo otras cosas diferentes.
-(M): Yo también opino que somos un grupo de los noventa.
-¿Compone uno para sí mismo o para los gustos del público?
-(T): Uno compone como terapia y buscando algo que aparentemente nunca sabes dónde está. Esa es la sensación. Ahora hay muchos grupos que dependen de las multinacionales y que piensan demasiado en la mercadotecnia, en el estilo que pega ahora mismo. Lo sé por colegas que están pasándolo a veces mal en lo que se refiere a las relaciones con la discográfica que te va a mandar. Ahí entra lo que quieres decir tú y el que pone el dinero piensa qué quiere escuchar la gente. Yo creo que eso es malo.
-(M): En cualquier arte, no sólo en la música, en todo, una persona que crea algo es que tiene algo que decir a los demás y sobre todo a ti mismo. Te tiene que llenar a ti. Lo otro no es arte ni nada, es mercado, entonces no interesa.
-¿Cuánto esfuerzo cuesta componer una canción? ¿Surge de pronto o requiere mucho trabajo pulir la idea básica?
-(T): Cada canción es un misterio. No creo que haya una lógica para construirla. Es como llegar a un punto al que tú crees que debes llegar. Hay composiciones que son como las novias o como las relaciones: las hay fáciles y difíciles. No hay un método ni una manera de llegar. Eso es lo bueno, además.
-¿Con qué canción se quedan de todas las de su discografía? (Es por ti, Nada es para siempre, Serás mi cómplice...).
-(M): Me quedo con Ojos gitanos, Dama del río, María y las caracolas, Por el bosque. Estas son las que más me llegan.
-¿Qué significado tiene para ustedes la canción Nunca mais, galardonada con el premio de la música, perteneciente a su último álbum, Hello mundo cruel?
-(T): Tiene una carga sentimental porque está hecha en Galicia. Aunque somos hijos adoptivos de Madrid porque llevamos mucho tiempo aquí, realmente Galicia sigue siendo un sitio que nos llega. El sitio donde naciste, a medida que te vas haciendo mayor, lo vas valorando todavía más. Madrid es una ciudad que ha crecido demasiado y en la que en algún momento te sientes perdido, como que no tienes raíces aquí. Es un lugar hiperagradable donde la gente te acoge en sus brazos enseguida. No es como otras ciudades de España. Por ejemplo, en Barcelona te cuesta más entrar, es maravillosa también y más organizada pero no tiene ese calor que se aprecia en Madrid. Nosotros seguimos yendo mucho a Galicia y esta canción está compuesta en Ribadeo, pensando en lo que somos los gallegos. Es una canción con un significado muy especial respecto a las ochenta o noventa canciones que tiene Cómplices. Y además tuvo un reconocimiento en el mundo musical el año pasado. Para mí es muy especial.
-María, se dice que la voz es el instrumento más difícil.
-(M): Sí, porque lo llevas encima. Te lo tienes que cuidar. Yo sufro en invierno porque cojo muchos catarros y sé que tengo cuatro o cinco días para curarte. Es un poco agobiante. El violín también cuesta, pero con la voz tienes más responsabilidad.
-Teo, usted ha compuesto para numerosos artistas. ¿Con cuál ha tenido mayor complicidad?
-(T): Con Ray Heredia hicimos un disco muy especial, y él es un personaje especial. Con Presuntos Implicados, también. Con grupos de los ochenta como La Unión.
-(M): Rafa, su vocalista, hizo una letra para nosotros titulada Hierba mística.
-¿Qué influencias musicales pesan más en Cómplices?
-(T) Bebemos de la música que habla de sentimientos, de la de los ochenta, de los grupos británicos curiosamente, aunque somos españoles cien por cien, de Cat Stevens, de The Beatles, de los grandes grupos de la época maravillosa de la música. No sabría explicarlo, pero tenemos un sello muy característico.
-¿Cuál es el secreto de la supervivencia de un dúo durante tantos años? La mezcla de lo profesional con lo personal, ¿les hace discutir mucho?
-(M): A veces es normal discutir. A la hora de hacer un disco hay choques y el secreto de la permanencia de un grupo es hacer siempre lo que crees que tienes que hacer aunque nos hemos equivocado comercialmente muchísimas veces, pero hay que ser fiel a uno mismo y hacer lo que realmente quieres, dándote igual todo. Tu público está siempre ahí. Hay canciones que no puedes expresar bien porque no te gustan, no crees en ellas e incluso lo pasas mal. Pero normalmente siento lo que hago y Teo también.
-¿Qué diferencias encuentran en tocar un concierto en directo en un gran recinto a hacerlo en un teatro? ¿Dónde disfrutan más?
-(T): Me gustan cada vez más los pequeños teatros y salas, no sé si porque ahora estamos más en la retaguardia que antes y somos un grupo que no tiene ya la presión de sacar un álbum cada año. No tenemos una compañía de discos que nos exija, somos dueños y señores de nuestros movimientos. Hemos hecho bastantes actuaciones en teatros de la Comunidad. Es una experiencia como de terapia tocar en sitios donde la gente está tan cerca y hay silencio entre una canción y otra, y se oye cualquier ruido. Todo lo contrario a las actuaciones de verano donde todo el mundo está al lado de norias y ferias. Estos sitios están bien porque juegas con las emociones y eso es importante.
-María decidió en 2001 abandonar el grupo y descansar para ocuparse de la familia. ¿Por qué vuelve? ¿Por el típico veneno de la música que corre por sus venas?
-(M): Porque me gusta. Soy muy inquieta, me gusta hacer muchas cosas y esto también. Está bien tomarse un descanso para echarlo de menos.
-¿Qué consejo darían a los jóvenes que se inician en el mundo de la música y que quieren crear un proyecto de vida alrededor de ella?
-(T): Hay una edad en la que tienes que ser revolucionario y pelear por lo que crees. Lo único que a lo mejor puedo echar en cara a las generaciones de hoy es que a veces son demasiado obedientes o están preocupados por ser famosos. De eso también tiene mucha culpa todo el ambiente mediático que existe. Programas de televisión como Gran Hermano y Operación Triunfo han creado una especie de obsesión no por profundizar en ti sino por mostrarte super extrovertido y mostrar los sentimientos. Creo que eso es perjudicial y ha afectado a las nuevas generaciones. Nosotros teníamos esa parte pero también teníamos una parte de profundidad y de misterio que, a lo mejor, la gente de ahora no tiene. Les aconsejaría que crean en lo que hacen, que peleen e intenten ser innovadores.
-¿En qué estado se encuentra la industria musical? ¿Cómo afecta a un grupo como Cómplices el fenómeno de la piratería o de Internet? ¿Las nuevas tecnologías les favorecen, les perjudican o les obligan a reciclarse?
-(T): Internet es algo maravilloso. Actualmente soy consejero de la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE), a pesar de todos los enemigos que tenemos. Tengo acceso a todas las estadísticas de descarga de música y de venta de discos. Creo que es un problema de regularizar este tema y de convertir este medio en un arma favorable. La Red tiene un gran porcentaje de positividad y una parte negativa de descontrol que está afectando a la música hace mucho tiempo y al cine también. Existe un problema de reconocimiento de derechos que ahora mismo está dañando al colectivo cinematográfico. En la música somos los tontos. Los representantes del cine siempre han sido los listos que se relacionaban con los presidentes del gobierno y demás instituciones y ahora están “jodidos” también. No es que me alegre pero creo que hay que meter mano en este asunto y hacer que se conciencie el Ministerio de Industria, que es el organismo que tiene que poner orden. El concepto de que la cultura tiene que ser gratis es lo que está destrozando todo esto.
-En el mundo de la música, ¿hay un momento para retirarse por elección propia o es el público el que deja de confiar en el artista?
-(T): Hay muchas posiciones que puedes adoptar en el mundo de la música. Puedes estar en primera línea, en segunda, tocando en garitos, componiendo, etc. Este mundo es fuente inagotable de sensaciones y de posiciones y puedes hacer muchísimas cosas. Yo, desde luego, no me voy a retirar nunca.
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