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‘Volver’ a Parla
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REPORTAJE / Numerosos curiosos observaron la actuación de Penélope Cruz, Ángela Molina y Ramón Pons en una secuencia de Los abrazos rotos bajo la batuta de Pedro Almodóvar
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O. R. B.
El prestigioso cineasta Pedro Almodóvar habló con NOTICIAS DE TU CIUDAD en una de las pausas del rodaje de Los abrazos rotos la tarde del día 1 de julio. El director de cine más internacional de la historia del cine español, Pedro Almodóvar, llegó a Parla, vio y venció. Tras rodar varias secuencias de su última película, Los abrazos rotos, el cineasta manchego se despidió de los vecinos de nuestro municipio en olor de multitudes. Fotos, abrazos, autógrafos y besos. Almodóvar es un mito viviente de la cinematografía española y no olvida que sus hermanas y su madre (doña Paquita) vivieron en la calle Cuenca y en el barrio de Villajuventus. La mismísima Penélope Cruz y la veterana Ángela Molina protagonizan una de las secuencias del último film almodovariano, en torno a una decena de tomas para aproximadamente un minuto de rodaje. Junto a ellas, varios extras que iban y venían para dar un ambiente de normalidad a la escena.
Desde por la mañana, un rumor recorría las calles de nuestro municipio: “Almodóvar está rodando en Parla”. Media docena de camiones aparcados en la calle Pío XII, junto a la calle Pinto, lo delataban. Los técnicos de sonido, las cámaras de grabación, maquillaje, sastrería, etc., invadieron el entorno de la calle Cuenca. El piso donde vivió una de las hermanas del director fue el escenario elegido por el oscarizado director manchego para inmortalizar una de las partes de su nuevo largometraje en el que los padres del personaje interpretado por Penélope Cruz vuelven a su casa tras la estancia del progenitor en un hospital, una escena vivida en numerosas ocasiones por Almodóvar con su madre, doña Francisca, fallecida hace unos años.
El director manchego ha hecho, de nuevo, un hueco a Parla en la historia del cine español. Por la mañana, la escena tiene lugar en el interior de una vivienda situada en el número 1 de la calle Cuenca. Por la tarde, justo después de comer, toca el rodaje en el exterior. La Policía local había retirado todos los coches que estaban aparcados en el tramo de dicha calle, preparada para recibir en un taxi a Penélope y sus padres en la ficción.
Pedro, detallista
Antes, durante y después de que la cámara eche a rodar Pedro supervisa todos los detalles. “Usted, no ande tan deprisa”, le indica a un extra que debe caminar por la acera leyendo un ejemplar del diario El País. “Aunque no ha estado mal, repetimos toma”, ordena. Un equipo cercano a medio centenar de personas debe coordinarse para captar la llegada de Penélope Cruz y sus padres (Angela Molina y Ramón Pons) al domicilio de éstos tras bajarse de un taxi. En la escena, rodada con una sola cámara ayudada de un travelling, intervienen varios figurantes: dos chicas que pasean, un joven que transporta un paquete en un carrito, una familia, un motorista y una conductora a bordo de un antiguo Ford Fiesta. Uno de los responsables del rodaje se afana en colocar a la gente y en evitar que se hagan fotos con flash. Numerosos curiosos observan la escena tras las vallas o en los balcones aprovechando la ocasión para inmortalizar a los actores y al propio director con cámaras y teléfonos móviles. Entre el público, los comentarios no cesan. “Mira Pedro, qué guapo, está más joven que en la tele”, afirma una señora. “Pues la Penélope no vale mucho, está muy delgada”, asevera otra. La Cruz se refugiaba en un comercio regentado por orientales durante las pausas, comiendo chucherías y evitando ser fotografiada por la prensa.
Finalizado el rodaje, Pedro da las gracias a los presentes megáfono en mano y pide un aplauso para los actores y el equipo. Abrazos, besos, un niño le pide que le regale el sombrero. “Me hace falta para este verano”, responde el director... Por unas horas, las calles de Parla se vistieron de esa cosa llamada ‘glamour’. Gracias, Pedro.
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