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El Fundi, un fenómeno de Fuenlabrada
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ENTREVISTA / El espada madrileño ha cosechado importantes triunfos en 2008 ante toros de ganaderías difíciles, una circunstancia en la que es especialista - Encabezó el cartel de la corrida que se celebró en nuestro municipio el pasado día 15 de septiembre junto a El Capea y Uceda Leal con toros de Parladé
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Una entrevista de
ÓSCAR RESINO BELLO
Efe de figura, efe de furia, efe de fenómeno, efe de Fundi. José Pedro Prados es un raro especimen dentro de la tauromaquia actual. Alejado del circo mediático que rodea a algunos de sus compañeros, Fundi (Fuenlabrada, 1966), presenta una de las carreras más meritorias del panorama taurino. En los últimos años, el espada madrileño se ha especializado en lidiar reses de las ganaderías más difíciles: Victorino, Adolfo Martín, Palha, Cebada Gago... Hombre pequeño y fuerte, torea lo que otros no se atreven, por eso sus triunfos, que en 2008 han sido varios y sonados, son mucho más de ley, como suele decirse. Desde jovencito entrenó en la plaza de toros de Parla. Hoy, en plena madurez, saborea el doctorado de veinte años sobre los ruedos, un bagaje ganado a pulso jugándose la vida ante cientos de enemigos cornúpetas que saltan a la arena para partirle en dos. Estas fiestas, hará el paseillo en nuestro municipio, donde tiene una legión de amigos y seguidores. Fundi, efe de fantástico.
-PREGUNTA: ¿Por qué se decidió a meterse en este mundo tan difícil?
-RESPUESTA: Fue siguiendo un poco los pasos de mi hermano Ángel Luis, que entonces empezaba de novillero, en sus entrenamientos, capeas y novilladas y que ahora es banderillero en la cuadrilla de Cayetano Rivera Ordóñez. Empezó a picarme el gusanillo y comencé a enredar y a medio jugar con el toro.
-Joselito, Bote y Fundi, un cartel que dio que hablar en sus comienzos. ¿Qué recuerdos tiene de ese periodo?
-Muy buena. Fue una época en la que comenzábamos, éramos muy jóvenes, las cosas nos empezaron a salir muy bien y muy pronto. Recorrimos toda España toreando novilladas sin picadores, aprendiendo un oficio duro y serio pero a la vez con esas ilusiones de chavalito y esa incertidumbre. Tengo muy buenos recuerdos.
-¿Ser torero de Madrid es una especie de denominación de origen o en este mundo no existen este tipo de etiquetas?
-Sí puede ser una denominación de origen, pero es muy difícil ser torero de Madrid, con todo lo que eso conlleva, ser un torero querido y mimado por este público. Yo hasta ahora no me considero con esa denominación porque a mí me ha costado mucho trabajo torear en la capital y que la gente de aquí me apoye y me valore. Ahora las cosas están cambiando y, para mí, ahora la plaza de toros de Las Ventas me está empezando a respetar, después de muchos años.
-¿Por qué cuesta tanto triunfar en ese coso?
-Porque tiene una afición dura y exigente, muchas veces intransigente, pienso. Pero, a la vez también es agradecida en muchos momentos. Es una plaza dura en todos los aspectos porque sale el toro muy grande, muy serio, la afición se conforma con pocas cosas. Indudablemente, Madrid sigue dando y quitando en esta profesión y quizá eso a los toreros nos haga llegar con una presión añadida. Es una responsabilidad torear allí.
-Le ha costado mucho, pero actualmente usted es uno de los toreros más queridos en Madrid actualmente.
-Ahora mismo estoy saboreando ya un poquito el cariño de esa plaza aunque he sufrido mucho en ella. Me ha costado mucho estar ahí y he tenido una relación amor-odio. La verdad que en este año 2008 he empezado a recoger el fruto de tantos años de lucha y sufrimiento en ese coso.
-¿Por qué El Fundi siempre se enfrenta con las ganaderías más difíciles?
-Me metí en este camino porque al principio de mi carrera triunfé muy fuerte con la ganadería Miura en la plaza francesa de Arles y eso encasilla mucho. Al ser un torero nuevo, las empresas empezaron a llamarme para muchos sitios con este tipo de corridas: las de Miura, las de Cuadri, las de Victorino, las de Pablo Romero, Guardiola… Esa ha sido la base de mi carrera, las corridas duras.
-Triunfar con ese tipo de toros tiene más mérito. ¿Se siente minusvalorado con respecto a otras figuras?
-Un poco, porque parece que suena como más importante triunfar con esas corridas, pero luego en un plano general en nuestro mundo, ya más profesional, más de cara a las empresas, quizá se le dé más importancia y categoría a los toreros que triunfan con las corridas más comerciales, por decirlo de alguna manera. Creo que no se le da la importancia que tiene estar bien una tarde tras otra con las corridas duras.
-¿De qué ferias tiene recuerdos más entrañables?
-De muchas, pero para mí Sevilla siempre ha sido una plaza talismán, casi todas las ferias francesas, y en especial la de Arles, que para mí ha supuesto un trampolín. En ella empecé a triunfar como matador de toros y siempre he tenido un feeling muy bonito con esa plaza.
-¿En qué estado de salud se encuentra la fiesta actual?
-Hay una cantidad de toreros importantes de verdad. Luego hay muchos matadores que llevan mucha gente a las plazas por otros temas que también son importantes dentro de que le dan una publicidad extrataurina a la fiesta. En general, la gente está yendo a los toros cuando los carteles tienen interés, como cualquier otro espectáculo. Aunque se nos está atacando mucho desde frentes antitaurinos, tenemos una fuerza interior que nos hace resistir todo esto.
-¿Qué le pasa al toro de lidia actual? ¿Es más débil?
-No le pasa nada. No es de los peores momentos. Está cayendo menos que años atrás. Hay ganaderías que están subiendo mucho el listón y que están pasando de criar un toro un poquito más bobalicón y dulzón a querer sacar un toro más encastado, más agresivo, con más chispa y energía. Y eso va a tardar unos años en equilibrarse la balanza, pero los ganaderos están luchando por que el animal tenga más transmisión.
-¿Es necesario pasar por una escuela taurina para triunfar?
-No es necesario. No es el único lugar, pero ahora mismo es mucho más fácil. A través de una escuela se aprende un oficio, a convivir en el mundo del toro, a moverte, a utilizar los engaños, a practicar en el tentadero… Actualmente es una facilidad. Pero hay toreros que pueden salir independientemente por otros caminos.
-Usted conoce muy bien los festejos populares, empezó yendo a este tipo de celebraciones del toro en la calle. ¿Han perdido su esencia inicial los encierros, por ejemplo, ahora que los toros se sueltan sobre el asfalto y por poco espacio de tiempo?
-Ha perdido más su esencia por las exageradas reglamentaciones que existen. Estoy de acuerdo en que en algunos pueblos se han cometido atrocidades y barbaridades, pero ahora tanta legislación y tanto papel escrito para que los políticos se laven las manos cuando suceda algo ha frenado mucho el calor popular que tiene este tipo de festejos, que además son la base de la fiesta: el toro de la calle, de la capea, donde la gente colabora y participa de esa fiesta. No se deben acabar nunca.
-¿Qué parte de su éxito debe un torero a la condición física y cuál a la artística? ¿Se puede ensayar el talento?
-El talento se puede acentuar y se puede preparar para que florezca con más nitidez, pero el arte o la inspiración son cualidades innatas que tiene cada uno. Para todo eso, si uno está preparado y mentalizado, sin duda, todo saldrá con más naturalidad.
-Este año se han escrito muchos adjetivos sobre El Fundi. Profesional, honesto, maestro, valiente… ¿Es quizá uno de sus mejores años?
-Sí, es el mejor personal y profesionalmente. Llevo cuatro o cinco años marcando una pauta importante y queriendo recoger lo que estoy recibiendo este año, que es el de la cosecha después de muchos años sembrando. Está siendo muy productiva y para mí es muy importante.
-¿Suele leer las críticas al día siguiente de una corrida tanto en los momentos buenos como en los malos o se blinda hacia otras opiniones?
-Ahora prefiero casi leer los momentos buenos porque los malos me siguen doliendo cuando la crítica no es constructiva. Por eso, algunas veces prefiero no leerlo. Antes me volvía loco por hacerlo y creo que me hace daño.
-¿Ha realizado la faena perfecta o está por venir todavía?
-Eso suena a tópico. Todos los toreros decimos que no se hace nunca la faena soñada, pero creo que es así. Tú has cuajado un toro muy importante y ha sido un gran triunfo, pero cuando lo analizas para tus adentros piensas que podías haber hecho esto o aquello, o haber acabado de esa otra manera. Seguro que siempre se puede mejorar.
-¿Cuántas veces ha soñado con abrir la Plaza de Las Ventas?
-Yo llevo soñándolo toda mi vida. Ha habido algún momento que me ha quitado el sueño. Ahora, si viene bienvenido sea, pero lo que me gustaría es tener una tarde redonda en Madrid con puerta grande o sin ella, pero que la gente salga diciendo: hoy ha toreado un torero de verdad, hoy hemos visto algo importante. Eso es lo que ahora mismo más deseo, que la gente salga satisfecha de lo que yo haga, con orejas o sin orejas.
-¿Cuáles son sus referentes en la tauromaquia?
-Cuando yo empecé mi torero preferido era Dámaso González. Me impresionaba y me encantaba. Me sigue gustando con el paso de los años. Luego, cuando ya me metí en este mundo, todos los de su época que eran figuras me han llenado mucho: Capea, Manzanares, Ojeda, Robles, Curro Vázquez, que son los que marcaron mis inicios.
-¿Qué diferencia encuentra usted entre el toreo que se hace en América y Francia respecto a España?
-Creo que no hay tanta diferencia entre el de América y España. Francia lo conozco más. He toreado y estoy toreando mucho allí. Es una afición quizá más fría pero a la vez más selectiva. Van a ver más el festejo de cada tarde que a la fiesta de los toros, como se va en España, con esa alegría, a vivir la fiesta del pueblo, de la ciudad donde se esté, que toca la feria. En Francia se va a ver más la corrida, a un toro en especial o a una ganadería que esté en buen momento. Pero creo que todas las aficiones son imprescindibles. América lo conozco menos porque he viajado menos. He estado en Quito y en Lima, pero creo que aquello es una afición mucho más apasionada, divertida, folclórica, pero a la vez muy interesante también.
-¿Cuál es su opinión sobre la mujer en el mundo del toro? La parleña Cristina Sánchez marcó una época.
-Me pareció muy importante para las mujeres. Ella misma hizo una carrera muy relevante, muy seria y muy digna. Marcó un nivel muy alto para el sector femenino en una profesión como la de matador de toros. Es un referente a seguir para las mujeres.
-¿José Tomás es un nuevo fenómeno social o es otra cosa?
-No es un torero más. Es totalmente distinto, con una mentalización, una entrega hacia su profesión y una seriedad fuera de lo habitual. Por eso es el fenómeno que es, porque es algo fuera de lo normal.
-Volvemos a 2008. Este año ha cosechado grandes triunfos con ganaderías importantes. ¿Su toreo está en plena madurez?
-Todavía me quedan cosas por aprender. Aunque suena a tópico, siempre se está aprendiendo e intentando mejorar. Si creyera que ya lo sé todo, o que ya he copado mi nivel, creo que tendría menos ilusión por seguir. Ahora estoy buscando un poco más mi toreo personal, ser mejor lidiador, torear más despacio, más artístico, con este tipo de corridas que yo mato y que no son fáciles.
-¿Qué es para usted el éxito y qué es el fracaso?
-Unas veces cercanos y otras, muy lejanos. El éxito es haber conseguido lo que quieres, haberte satisfecho a ti mismo y ver que los demás también se sienten contentos de ver lo que haces. Y el fracaso es todo lo contrario, el estar constantemente buscando ese éxito que no llega. Cuando no se consigue, supongo que será el fracaso, no conseguir lo que has querido y sentirte un poco vacío.
-El sur de Madrid es cuna de grandes toreros y subalternos. ¿A qué se debe esta buena cosecha?
-Porque es amplio. Madrid y los alrededores es uno de los sitios donde se dan más festejos y es normal que salgan muchos toreros y que los haya muy importantes tanto ejerciendo de matadores como de banderilleros o picadores.
-¿Se considera usted un maestro?
-Cuando yo empezaba, Enrique Martín Arranz, que era el director de la Escuela Taurina de Madrid y luego apoderado de Joselito, decía que el que no saboreaba la coba, la paladeaba. Y cuando a mí me llaman maestro, me queda ese regustillo, pero creo que es muy difícil llegar a serlo en esta profesión. Cuando yo deje de torear me gustaría que esa palabra fuese una verdadera señal de identidad hacia mí. Sería señal de que los demás han aprendido algo conmigo. Me encantaría.
-¿Cómo lleva su familia que usted esté en primera línea en esta profesión? ¿Le piden que abandone?
-Lo sufren un poco en silencio, pero ya cada vez más, mis hijos, sobre todo la pequeña, me dice que por qué no dejo de ser torero. Se hace un poco difícil cuando te hacen insinuaciones como éstas. Pero yo soy lo que soy y eso está por encima de casi todo, no de todo. De momento seguimos ahí.
-Usted es un chollo para los carniceros ¿Ha calculado cuántos kilos de carne ha matado?
-No lo sé, porque aunque llevo muchos años toreando, tampoco soy de los toreros que ha lidiado muchísimo. He tenido unos años más buenos y otros más bajos. Para mí es lo de menos.
-¿Qué es para usted el toro como animal, aparte de su profesión?
-Es un animal precioso, bonito, me atrae mucho en su hábitat natural, que es el campo. Y luego en la plaza, para mí, es el barro que tiene el escultor o el lienzo que tiene un pintor. Es mi materia prima, es mi enemigo y mi amigo, mi miedo o sufrimiento y mi alegría a la vez. Es muchísimas cosas, incertidumbre y satisfacción a la vez. Es un misterio, algo por descubrir cada tarde.
-¿Cuántas corridas o percances ha tenido a lo largo de su carrera?
-Ocho o diez cornadas, unas más graves que otras, y gracias a Dios y toco madera, de extrema gravedad aún no he tenido ninguna.
-¿Ha visto la muerte de cerca?
-En mis propias carnes, no. En algún compañero, sí la he visto muy próxima.
-¿Hasta cuándo piensa seguir toreando? ¿Tiene alguna meta?
-Indudablemente, son veinte años lo que llevo de alternativa, pero ahora mismo según están saliendo las cosas, no me lo planteo. Ha habido años que cuando he tenido momentos bajos, me lo he preguntado con muchísima más urgencia que ahora. Serán dos, tres, cuatro años, o uno… No lo sé. Como las cosas ahora mismo me están yendo muy bien, no me lo planteo.
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