|
Daniel Pelegrina: “Para hacer alpinismo hay que ser un poco solitario”
|
|
El escalador parleño planea subir el monte Cervino como próximo reto
|
Una entrevista de
ÓSCAR RESINO BELLO
A sus 28 años, Daniel Pelegrina Sánchez, puede presumir de que no padece el mal de altura. A pesar de haber ascendido ya picos tan impresionantes como el Toclaraju (6.034 metros), el Wallunaraju (5.700) —ambos en Perú—o el Elbrus (5.642) en Rusia, Daniel no descansa. Los fines de semana se entrena trepando por las cordilleras españolas más difíciles. Sólo o acompañado, ligero de equipaje en lo posible, escasa comida y con muchas ganas de llegar a la cumbre, Pelegrina lleva una bandera con el escudo de Parla para hacerse la foto tras lograr su objetivo. Sin embargo, como más disfruta es contándolo.
-PREGUNTA: -¿Cómo se inició en el mundo del alpinismo?
-RESPUESTA: Desde que era pequeñito, mi familia veraneaba en el norte de España, sobre todo en zonas frescas, para huir del calor de Parla, como los Pirineos o los Picos de Europa. Normalmente, si nos íbamos un mes de vacaciones, hacíamos un par de rutas, las más típicas (Cola de caballo, Ordesa, Pineta o la ruta de El Cares). Mis tíos son de la generación de Félix Rodríguez de la Fuente, amantes de la naturaleza y de los animales. Entre los 12 y 15 años, me iba con ellos a todos los lados. Estaba siempre en contacto con la naturaleza.
-¿Qué condiciones son necesarias en una disciplina como ésta?
-Físicas y mentales al 50%. La gente piensa que es más importante el físico, pero en el alpinismo predominan más las facultades mentales. Te puedes tirar dos días enteros sin salir de la tienda, nevando y pasándolas canutas. Como estés flojo de mente, lo que quieres es bajar. Hay que aguantar mucho y ser un sufridor como en el atletismo o la maratón.
-¿Experiencia, preparación, estrategia? ¿Qué es lo más importante cuando se afronta una aventura como las suyas?
-De todo un poco. La experiencia es muy importante a la hora de actuar ante un “marrón”. Y eso no te lo dan los libros. Se aprende tras haber sufrido mal tiempo en los Pirineos o en otras cordilleras.
-¿Es necesario pertenecer a un club para llegar tan alto en esta disciplina o se puede ir por libre y progresar?
-Yo pertenezco a dos, al de Parla y al Alpino Madrileño, que es el más grande de España, pero no es necesario. Lo es para poderte juntar con un grupo de gente mayor (entre 50 y 60 años), sobre todo, que son los que más te enseñan, e ir aprendiendo juntos, pero yo realmente he sido autodidacta porque no he hecho ningún curso nunca.
-¿Se considera usted un aventurero o un deportista?
-Un aventuro. Es curioso, porque hay mucha gente que hace montaña desde el lado del deporte y otros que lo practicamos desde el rollo más aventurero. Eso se nota mucho cuando bajas o en los tiempos indirectos cuando estás parado en un refugio. Los que vienen del deporte están deseando llegar para descansar. Nosotros contamos aventuras, jugamos, estamos más de cachondeo en ese aspecto.
-¿Hay que ser un poco solitario para dedicarse a esto?
-Yo creo que sí. Me he dado cuenta con el tiempo de que cuando era más joven sí hacía las cosas más en conjunto y dependía más de los otros. Ahora mi familia y mi novia se sorprenden de que yo vaya por libre y de que no pida ayuda a nadie. Sin darme cuenta, me he vuelto muy individualista y no dependo de nadie. Voy mucho a mi bola.
-¿Qué piensan su familia o sus amigos de su afición a la escalada?
-Me dicen que no vaya a la montaña y mi abuela que me dedique ya a tener hijos. Mi novia es la que más me deja. Luego, cuando vuelvo, todos están contentos y orgullosos de mí y quieren ver las fotos, lo comentan con los amigos o me traen un periódico con una noticia sobre mí.
-Cuando se encuentra a tanta altura, ¿se plantea el miedo a la muerte?
-Nunca. Es imposible. No puedes pensarlo porque sino no irías o te bajarías. Hay que tener mucha preparación psicológica para dedicarse a esto. Tienes que ir confiado y directo pensando que vas a llegar a la cumbre.
-¿Qué opina del reciente fallecimiento de Óscar Pérez, el montañero que no pudo ser rescatado debido a las adversas condiciones meteorológicas en Pakistán? ¿Le afecta de alguna manera?
-Sí me afecta. Desde que tuve la primera noticia del caso, me metí en Internet en los foros de montaña para hacer un seguimiento. Es muy duro, aunque casi todos los que practicamos este deporte hemos perdido algún amigo que ha fallecido en las alturas. Lo vemos más normal que el resto.
-La bandera de Parla ha llegado muy alto con usted. ¿Cómo se le ocurrió esta idea?
-En 2008 decidimos hacer una expedición cuatro parleños y yo al monte Elbrus, el más alto de Europa. Todos los escaladores suelen llevar algún objeto personal que le suponga algo. Como nos apoyó el Ayuntamiento para este viaje, decidimos llevar la bandera de Parla, que no existe oficialmente. Mi madre, como pudo, cosió una fijándonos en el escudo de la ciudad y nos hicimos la foto arriba cuando llegamos.
-¿Se considera usted un superviviente?
-No. No es para tanto. Hay mucha gente a nivel nacional y de Madrid que hacen cosas mucho más importantes como era el caso de Óscar Pérez. O no se le da importancia o también se busca el anonimato.
-¿Cuál es su próximo reto?
-Aunque todavía estoy poniendo nombres a las fotos de mi último viaje, he comentado a algunos amigos mi intención de hacer un viaje a Los Alpes a escalar el Cervino, que es un monte más difícil técnicamente aunque más bajo. Tiene unos 4.200 metros de altitud, pero por su silueta es el más bonito de la Tierra. Es un montañón. Eso, si conseguimos formar un grupo. Si me quedo solo como este año, me estoy planteando conocer otra cordillera, el Himalaya, e irme a hacer algún trekking de 15 días organizado por agencias para escalar algún monte de altura media para convivir en algunas aldeas nepalíes. Es todo un lujo.
-¿Ha sufrido muchos percances durante estos últimos años en la montaña?
-Ninguno. Siempre voy con seguridad e intentando mejorar. Hace cinco años nos perdimos en Los Pirineos y a partir de entonces tomas más medidas como comprar un GPS para tirar de la tecnología. El último día del viaje a Perú tuve un pequeño resbalón y al apoyar el brazo sufrí una luxación. Son gajes del oficio.
-El alpinismo sigue siendo un deporte desconocido.
-Sí, porque la gente, sobre todo en Parla, lo tiene muy lejos. Aquí ganan el fútbol o el tenis. En lugares como Benasque todo el mundo practica alpinismo al estar al pie de la montaña. Aparte de esto, los entrenamientos, los desplazamientos son muy duros. Yo viajo todos los meses a Sierra Nevada o a Picos de Europa. El material básico vale muy caro, sobre todo al principio. Con la repercusión de Calleja y programas como Supervivientes, la gente se está enganchando mucho. Queremos fomentar este deporte en nuestro municipio, por ejemplo, con la Semana de la Montaña, que celebraremos la segunda semana de septiembre, para fomentar más los grupos, hacer cantera y crear alguna escuela de escalada.
-¿Qué le fascina más de la naturaleza cuando se encuentra en las alturas? ¿Cuál es el aliciente máximo de este deporte?
-Es una mezcla de todo. También disfruto con el hecho de mirar una montaña desde abajo y ver una población a mil quinientos metros y cuatro días después conseguir estar a seis mil. Desde el Toclaraju pude ver media cordillera de Los Andes, a cientos de kilómetros. Es alucinante. La intriga y la aventura de averiguar por dónde subir, plantearte el reto, es lo que me fascina.
-¿De qué experiencia guarda mejor recuerdo en su trayectoria como escalador?
-Guardo muchos recuerdos del viaje a Los Pirineos cuando nos juntamos los amigos más cercanos de varios sitios. Realmente, aunque la montaña no sea muy difícil de ascender, disfrutas estando en grupo, riéndote, sufriendo junto a otra persona. La cumbre del Elbrus fue muy especial. Éramos cinco parleños en el punto más alto de Europa, abrazados. Hubo mucha emoción.
-¿Es consciente de que usted no sólo arriesga su vida sino la posibles efectivos de emergencias? ¿Qué piensa al respecto?
-Es igual que tener un accidente. No lo puedes pensar. Tienes que mentalizarte de que no estás ni arriesgando tu vida, que vas a subir y a bajar siempre extremando precauciones, muy metódicamente: comiendo a cierta hora, pasando la gripe o llegando a la cumbre a una hora determinada. Hay que ser muy metódico.
-¿Hay que ser muy cabezota para hacer montañismo?
-Sí, a pesar de las dificultades.
|